"Escribo para que la muerte no tenga la última palabra" es la frase con la que coronaba mi antiguo blog. Me encantaba. Sentía que estaba escrita para mí, para que yo me la robase y la usase como propia.
Lamentablemente para mí, la muerte siempre termina teniendo la última palabra, no quizás en mi vida, ya que gracias a ella, aún puedo reírme antes que la Muerte, pero sé, sin embargo, que siempre ella va a ser la última en soltar una carcajada.
El sentido metafórico de la Muerte como una entidad ¿femenina? riéndose de quienes llegan a su fin es un poco pobre en matices pues, a decir verdad, no creo que sea la muerte la que nos busque, sino que somos nosotrxs quienes, en nuestro consumismo biológico, agotamos todos los recursos de los que disponemos.
Así que dejémosla a la pobre muerte ser lo que es, que bien le deben arder las orejas de tanto hablar de ella, y, por sobre todo, que llegue cuando pueda y le parezca.
Ahora sí, no quiero hablar de la muerte pero sí de mí muerte, esa que es inevitable y desconocida, la de todxs nosotrxs.
Eso sí, a no preocuparse.
Instrucciones para mi muerte*
Me resulta indispensable hablar y escribir de la muerte. Siempre que escribí me resultó así, no recuerdo año en mi adolescencia en que no me preguntara o hablara de la muerte. Sin embargo no tuve mucho contacto con ella, sino hasta hace pocos años. No tengo familia grande así que no he visto a muchas personas morir.
Sin embargo soy consciente de que la tenemos acá siempre cerca nuestro así que siempre que pienso en ella, la pienso amablemente. Si le tengo miedo, no sé, pero sí le tengo miedo al sufrimiento. Quién no, imagino.
Por ello he querido, incluso antes de esta consigna, y sin más preámbulos (¿por qué será que hay tanto que decir antes de hablar de la muerte?), dejar instrucciones para el día en que muera.
A la persona que esté a cargo: calma. Las cosas como son, la operatividad ayuda a mantener la calma, y, a su vez, mantener la calma, ayuda a ser operativxs. Creo que el primer registro de eso lo tuve en 2008 cuando fue el accidente de auto en el cual nos dimos vuelta con el auto. Tener la mente fría ayuda a que llame a una ambulancia o sepa aplicar la ayuda que sea necesaria.
Si ya no estoy viva, quiero que se haga lo siguiente. Sin dudarlo, quiero que lleven mi cuerpo a Urgencias del Hospital Nacional de Clínicas (o su correspondiente en el lugar más cercano a mi deceso) e informen que es el cuerpo de una persona donante.
Tengo sangre A+, soy tatuada. Tengo la vacuna de la hepatitis B y la del tétanos actualizadas pero a la de la hepatitis B no me la puse de jovencita, sino ya avanzado mi camino-sin-retorno de la tinta. No tengo otra enfermedad venérea que el HPV (hasta la fecha) y no consumo carne así que no puedo dar fe de que mis niveles de hierro y b12 sean los ideales. No tengo alergias y ya fui donante. No tengo ninguna prótesis de valor.
Quiero que usen todo mi cuerpo. Lo más que se pueda. Lo digo en serio, siempre siento la necesidad de aclararlo porque pareciera que mi familia no me toma en serio, y juro por mi vida que volveré en forma de fantasma lastimero a molestar y quizás vengarme de quien no respete mi voluntad. Quisiera que usaran mi pelo para pelucas, mi piel para injertos, mi médula para cultivos, mis tatuajes para obras de arte (suponiendo que alguien quiera extender mis papiros en un marco), mis órganos para quien lo necesite. Mis huesos para tratamientos o como sea que se usen, mi sangre, mis córneas, mis dientes...
Cuando ya no se pueda aprovechar nada, decidan ustedes: si me quieren cremar, cosa que antes me parecía abominable pero ahora ya no, o si me quieren hacer uno de esos entierros ecológicos.
Lo que sí, juro y perjuro que volveré en forma de lamentos nocturnos y crujidos de techos si me llegan a poner en un cajón y enterrarme porque me parece, eso sí, una cosa ridícula, cara, poco ecológica y sin sentido. Si quieren llorarme, usen mi retrato. No le den dinero a nadie que usufructúe con un cuerpo putrefacto.
Con respecto a mis cosas, llévense lo que quieran y hagan feria con el resto. Con mis archivos, los dejo a voluntad de pocas personas que aún no seleccioné. Con mis plantas, quien quiera que se haga cargo: vuelvo en forma de mosquitos si me las dejan morir. Ni una seca quiero, ni una flor muerta en mi tumba. Entierren lo que quieran pero no un cadáver, ni basura. No dejen morir las plantas ni el planeta.
A mis chiquitxs no lxs separen, lxs matarían separadxs. La única que merece vivir sóla es la Greta, sería ideal se fuera con quien quiera darle un hogar absoluto para ella. Voy a extrañar a mis peludxs más que a nadie, aunque la vida me dice que seré yo quien les entierre.
No me quiero morir, sólo que no sabemos aún cuándo nos toca
* material preparado para el taller de escritura terapéutica existencialista, o existencialista terapéutica, que estoy tomando con la Lic. Ayelén Perrotta.
Próxima entrada voy a escribir sobre qué finales estoy atravesando, la otra parte de a consigna. Mientras, lo voy pensando.
De colofón, les dejo un mensajito sobre la muerte:

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