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¿Cómo le saco provecho a mis ideas?


 (Rescate de Septiembre de 2017, nunca publicado)


¿Cómo le saco provecho a mis ideas?


En busca de trucos para no ahogarse en un vaso de ideas sin poder materializar nada (ni siquiera el vaso con agua).




¿Sentís a veces que tenés muchas cosas en la cabeza y no lográs darle forma, materializarlas en acciones concretas? 

¿Tenés la sensación de que no podés capitalizar esas ideas, que no terminan en nada?

¿Sentís que tu entorno no ayuda? ¿Que tu cuerpo no colabora? 



No estás sólo


En la Antigüedad, las actividades intelectuales se realizaban en compañía; el aprendizaje era una tarea colectiva que se hacía en grandes espacios como ágoras, salones, y hasta comedores para muchas personas, parques y en los teatros, que hacían sus espectáculos para el público masivo, con fines de educar y concientizar moralmente a la población. 


Los temas eran expuestos y debatidos, o dialogados (el famoso método dialéctico socrático) entre los participantes y, en el caso del teatro, el drama exponía la atormentada conciencia del héroe que, en medio de su inquietante estado vital, debía resolverse por aquello que su conciencia mejor le dictara… o exponerse a las consecuencias. El drama escrito era la propuesta de un dramaturgo a una élite política/intelectual que debía premiar a quien fuese merecedor de hablar en boca de los ciudadanos. Al comienzo, se escenificaban grandes mitos. Luego fueron los héroes del pueblo griego quienes eran los “cazacorazones” entre las polis. 


La comedia, por su parte, era la distensión. Con la risa se intentaba relajar al público de los tormentosos avatares de las tragedias, al tiempo que le aleccionaba lecciones cotidianas a las personas normales, aquellas a las que seguramente no les tocaría elegir entre sus hijos o su pueblo, pero probablemente se sentían culposos ante un banquete abundante o ante la posibilidad de acostarse con la esposa de su amigo.


En los jardines epicúreos se conversaba mientras el sol rodeaba a los asistentes, e incluso los banquetes eran lugares para el debate filosófico (véase, sino, los resultados del Banquete platónico). Luego con la historia se armarían atelieres de artistas, orquestas y compañías teatrales, y en las ramas más exactas del saber, los mismos científicos debatían sus resultados en los inicios del positivismo europeo.


Nuestra costumbre occidental moderna de sentar a los individuos a pensar por su cuenta, a sacarle punta al cerebro mediante la pura lógica, es, como la historia lo sugiere, muy reciente, y se encuentra inmersa en una cultura que pone el foco en el logos y la palabra culta y cuidada, y no en la construcción colectiva de saberes complejos y en construcción. 

Sin embargo, es demostrado que los seres humanos funcionamos mejor si es en conjunto. 


Tarde o temprano nuestra vida cotidiana nos acerca a los otros seres humanos. Tenemos necesidades a ser resueltas en torno a nuestros pares y nuestras mentes funcionan dialécticamente; nuestra subjetividad se modela en torno a cómo espejamos y nos espejamos en los otros. Esto es, nos contagiamos de las emociones de otros, nos entusiasmamos con otros, nos motivamos con otras personas.


Las organizaciones son como organismos vivos, donde cada quien tiene su rol y su lugar. Como en un panal o en un nido de hormigas. Como funcionan los lobos y los leones con sus manadas. Como un jugador de un equipo de fútbol que empieza a menguar su desempeño (performance, le dicen), y luego la dinámica del equipo comienza a entrar en una especie de posible caos. Pareciera que los grupos humanos tienen ritmos de funcionamiento, para que funcione bien, cada parte debe mantenerse funcionando en el ritmo en que funcionan los demás…



Lo que es afuera, es adentro


A veces sentimos que no estamos cómodos, que estamos aburridos, que nadie valora nuestro esfuerzo. Entonces nuestro trabajo empieza a no estar tan bien, no tenemos motivaciones para hacerlo. A veces las tareas que antes hacíamos nos parecen ahora tediosas, y la rutina o el tono de voz de otra persona nos provoca irritación. Llegamos tarde, no queremos incluirnos en las salidas sociales… o a veces no llega a tanto, pero sí nos cuesta concentrarnos y cerrar procesos. 


Nuestra cabeza dialoga en ideas y objeciones, dudas y atisbos de concreciones, pero, por alguna razón, no le damos el cierre a eso que queremos cerrar. Pues bien, en el lenguaje del cuerpo, eso indica una fuerte desconexión consigo mismo. Posiblemente tu cuerpo esté cansado, quizás no tengas una buena alimentación o tu situación emocional no sea buena. No te olvides que nuestra mente sólo está dentro nuestro, que somos un cuerpo con una mente a su servicio. Esa diferenciación va a ser muy importante para lo que estamos queriendo señalar.


Si nuestro cuerpo se encuentra a disgusto entonces no podremos estar a gusto en nuestras tareas cotidianas, en nuestro hogar ni menos menos en nuestro entorno de trabajo. “Lo que es afuera, es adentro”, y esa regla se aplica, como venimos diciendo, a nuestros cuerpos, a nuestro grupo familiar o al entorno cercano. Este posible cortocircuito con tu entorno puede perjudicar tu trabajo aún más todavía y, como venimos viendo, todos los niveles están relacionados. 


Esta dinámica es parte de nuestra biología, como organismos dentro de un medio, y , si somos concientes de esta conexión, podemos sacarle el provecho necesario para que nuestra vida sea más armónica y no hagamos esfuerzos innecesarios en pos de objetivos que nos cuesta alcanzar. El fluido funcionamiento de nuestro mundo cercano está, en parte, en un par de decisiones que podemos tomar.



Manos a la obra


Lo primero que hay que comprender es que no estamos sólos: para bien o para mal, las personas que nos rodean nos afectan y les afectamos, por lo tanto una sonrisa o buenos modales puede que le levanten el ánimo a alguien que no está teniendo un buen día. Si algo depende de nosotros, es nuestra voluntad y predisposición a ayudar. Por eso, aunque al mal día lo estemos teniendo nosotros, una sonrisa nunca es mal recibida.


Seguramente sabías que, sonriendo, nos sentimos mejor. Es que parece que nuestro sistema interpreta que la sonrisa implica felicidad. ¡Y la sonrisa se ve tan bien desde afuera! Entonces, más allá de cuál sea el motivo por el que sonrías: ¡sonríe! Buscar frase motivadoras, que te hagan sentir bien, o chistes, o bloopers, y tenerlos a mano en la pc o en el celular, puede ser un buen recurso para cuando nos desanimamos o para amenizar una situación tensa o una situación luego de una pelea o discusión.


También, por supuesto, sonreírle a tus compañeros o clientes puede ser un muy buen comienzo para un diálogo o un negocio, ¡o simplemente un motivo para recibir otra sonrisa! Claro que no todas las sonrisas son iguales, y los seres humanos somos perfectamente capaces de percibir cuándo una sonrisa es falsa. Así que ojo, no se trata de fingir, sino de efectivamente, provocar bienestar. A veces tan sólo una mirada puede sacar a una persona de su ensimismamiento y sus tormentas internas.


También los abrazos funcionan. E incluso un ligero contacto en el hombro de un compañero, o un gesto de amabilidad pueden ser la llave que rompa el hielo y anime un momento. No nos olvidemos que todos los seres humanos tenemos necesidad de atención y afecto. Saber esto puede ser también un buen puntapié para generar diálogos y encuentros fuera de los ámbito y horarios de trabajo. Tal vez si el conflicto se genera dentro de los espacios físicos comunes, sea buena idea cambiar de ambiente.


Y con respecto a los espacios físicos que se habitan: procurar que la luz sea mayoritariamente natural ayuda a que nos sintamos más conectados con nuestro reloj biológico, nuestra vista descansará de tanta luz fría, además de que ahorraremos energía. Una planta renueva el aire del espacio (siempre y cuando también se ventile seguido) y objetos decorativos agradables, siendo el conjunto decorativo armónico, justo y limpio, contribuyen al bienestar visual. No acumular objetos innecesarios, viejos o rotos, mantener el orden y la limpieza, son imprescindibles en cualquier casa y espacio a habitar durante un tiempo considerable del día.


Si compartimos el espacio con muchas personas, procurar que no nos gane el ruido ni el caos, que todas las personas tengan su espacio de comodidad, sean escuchados y tenidos en cuenta. Esto hace a la dinámica del grupo y a la creación del sentimiento de colectividad. Los seres humanos disfrutamos del hecho de identificarnos con grupos y colectivos. Si se puede, encontrar momentos de esparcimiento fuera y dentro de la jornada, donde no se hable directamente de trabajo pero quizá sí se encuentre la distensión para generar vínculos y confianza entre las partes.


Cuando hay un conflicto, no te lo guardes. Quizá la respuesta está del otro lado de tu entrecejo y no estás pudiéndolo ver. Compartir las preocupaciones hace que las miremos más objetivamente, que aprendamos a ver las cosas con otros puntos de vista y que nos demos cuenta de que la gravedad de algunos asuntos es relativa. No puede ser tan grave que no se le encuentre una solución.


Cuando hablamos de que otra persona puede ayudarnos a ver el problema con otros ojos nos referimos sencillamente al hecho de que cada quien está parado desde una perspectiva única y singular, diferente y encarnada en un cuerpo que le da presencia y existencia en el mundo. Desde esta perspectiva, su punto de vista será particular y por ende su mirada sobre las cosas. Así también serán sus juicios de valor, su experiencia de la vida y su manera de resolver los conflictos. Así: comentá con tus compañeros qué pasa con este proyecto que no lográs concluir, qué pensás sobre tal asunto, qué creés que deba pasar con tal decisión, etc. 


Y sino, cuando algo falle, sencillamente aceptá el fallo. Cuanto antes aceptes que las cosas no van a funcionar si las sigues haciendo de la misma manera, más fácil es cambiar la manera de hacerlas. No insistas durante meses en algo que claramente no te está ayudando. Quizá el modo en que estás haciendo algo te está generando tu propio enojo. O a tu compañero. Quizá se están desaprovechando recursos. Quizás estás mirando el ángulo equivocado. Pero hay una cosa que es importante que sepas: fallar es algo normal y cuanto más fallas, más aprendes. 


La vida es un aprendizaje continuo. Lo importante es avanzar, no estancarse en algo que no está dando resultados. Probá con descansar un tiempo de aquello que no resuelves y empezar con otra cosa. Quizá el respiro te da el espacio que necesitas para ver el asunto con otros ojos. ¡Y no te ahogues en un vaso de agua! ¿Sabías que el agua es la mejor aliada para limpiar el cuerpo (por fuera y por dentro)? ¡Entonces mejor bebételo! 


Tomar agua, salir a caminar, hacer estiramientos, bailar un rato (en el baño si no te animás con público), escuchar una canción que te guste, invitar a alguien a compartir un café, cambiar de asiento, o incluso solamente de postura… lo importante es salir del lugar en donde te encontrás estancado, y mover el cuerpo ayuda a mover las ideas.










(La fotografía fue tomada en 2016 en el Cepia en el marco de un encuentro que realizamos con Publicación Emergente)




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